|
Si la viña Matetic no es hoy en día una sorpresa para nadie, es gracias a su excelente E.Q Syrah, por ejemplo. Pero sus "hermanos chicos", los Coralillos, quizás no han ganado todavía su fama merecida. Teniendo el mismo origen -San Antonio-, entregan también todas las gracias de los vinos de clima más "razonable" y con el concepto de ser más accesibles sin por eso perder integridad.
Lejos de los "clichés" de siempre, el color se presenta como un rubí granate brillante y profundo, sin exuberancias, pero más que suficiente para introducir una nariz donde la fruta manda con maestría.
Con mucha brillantez y frescura se impone un casis herbáceo muy puro, mermelada de cereza, frambuesa y notas de cherry con una leve pimienta. La madera balsámica, con su suave vainilla y regalis, sólo está al tercer plano, detrás de unos toques alcalinos y minerales levementes salados que nos hablan de las orígenes de este vino. Muy consecuente , la boca en ataque entrega una materia jugosa por la carnosidad del Merlot, la cual se ve estructurada por el rigor tranquilo del Malbec con el fin de guardar seriedad y disciplina.
Resulta un cuerpo medio con mucha vivacidad, buena acidez y mineralidad, taninos bastante finos que deben evolucionar todavía y una fruta siempre "reina" hasta un final un tanto más cálido, donde el retorno de los taninos confirma que esperar un par de años sería una buena idea .
Sin embargo, darle un poco de aire lo hará comportarse bien en la mesa, especialmente para acompañar palomas o codornices.
|