|
Volviendo a casa después de una jornada entera de degustación, con las encías ardiendo por los taninos generosos de mi tierra de adopción uno podría rogar por una cerveza fresca, pero me tocaba probar este vino.
Este "Cot" o Malbec, como se llama también, con su grenat profundo y delicadamente tejado supo recordarme una tipicidad que me había casi olvidado: la de mis tierras franchutes del suroeste. Bouquet otoñal de sotobosque, violetas, cuero noble respaldando una fruta de ciruelas, guindas ácidas y fresas silvestres. La barrica no fue más que discreta madera preciosa y especias orientales para sumar mas complejidad .
De la boca, diré que muchos encontrarán que le falta "potencia".Potencia aromática aquí conducida por una acidez filosa, fresca y precisa, y cuyo poder no reside en el "demasiado", sino en su expresión vibrante. Una trama de taninos totalmente integrados, sin sequía ninguna, armando una materia sutil y aérea que trae un toque atípico a la producción "cliché de siempre".
Y si de falencia de potencia hablan algunos, que se fijen en lo largo que es el final: un homenaje al otoño y a la fruta de verdad, no a la "frutita", como dirían algunos conocidos.
Realmente una invitación a preparar unos "magrets" de pato con hongos silvestres. Así de simple. Pero si hay trufas para condimentar, mejor aún.
Felicitaciones por esta alquimia franco-chilena acompañada de una recomendación a los más abiertos y curiosos de nosotros.
Por Rodolphe Bourdeau
|