|
La mezcla entre las variedades Cabernet Sauvignon y Carménère se ha vuelto no sólo habitual, sino casi un dogma entre los vinos tintos de calidad de Chile. Las razones son relativamente obvias: el promedio del Cabernet Sauvignon tiene una excelente calidad en nuestro país -en Colchagua el guarismo crece-, mientras que el Carménère aporta una fruta exótica, particular y prácticamente endógena de Chile. Si por una parte nuestro Cabernet es rico en estructura, fino y elegante, pero con fuerza y fibra, por otra el Carménère se caracteriza por taninos redondos, sedosos y dulces, acidez moderada y variedad de frutas rojas, negras y tonos a veces florales e incluso vegetales, dependiendo de la madurez.
Clos de Lolol es un representante de este matrimonio feliz, pero con características muy particulares. La mezcla favorece con un 60 por ciento al Cabernet y éste entrega toda su capacidad: estructura, especias, algo de mentol. El estilo de este vino es concentrado y persistente, largo, pero cuidando el balance, para no perder elegancia, para no transar con un vino fácil de tomar pero sin personalidad. Su acidez firme mantiene la frescura y permite una buena evolución en botella, asunto que se vería seriamente amenazado en un vino de madurez exagerada.
Dada la cosecha 2003, Clos de Lolol es un ejemplo de que se pueden hacer buenos vinos sin recurrir a todo tipo de exageraciones que lamentablemente acercan a los vinos a las bebidas gaseosas.
PorAlejandro Jiménez
|