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Corrían los 90. Y mientras las parras de Valdivieso crecían en Curicó, todo el proceso de vinificación se desarrollaba en las bodegas de Santiago. Entre tanto viaje, quedaron unos barriles olvidados. De éstos nacería más tarde la primera mezcla del Premium de esta viña, sin añada, sin valle y sin cepa determinada. Una combinación de Cabernet Sauvignon, Merlot, Malbec y Cabernet Franc que tomó prestado el sobrenombre de uno de sus dueños.
Cada año se elabora con un 50% del número anterior y con una mezcla de los mejores vinos del año. Ya va en la novena entrega, que saldrá a la venta en marzo de 2007. Y si bien su 50% es una mezcla de vinos de la cosecha 2004, se recomienda guardarlo por la juventud de sus taninos.
¿Lo que todos tienen en común? Chocolate, tostado y muchísimas especias, que, como su enólogo dice, recuerdan a una pastelería.
Unos son más dulzones y otros -como el número 9-, más exóticos, con notas a la cocina hindú. El 8 va por el lado de las confituras y el 7 es una combinación de especias, notas licorosas y taninos suaves, perfectamente integrados.
Para degustarlos, el chef Ejecutivo del Hotel Ritz Carlton, Tomás Olivera, diseñó un menú compuesto de láminas de Wagyu sobre un puré de endivias y salsa de mantequilla perfumada, y chuletas de ciervo acompañadas de charquicán y salsa de frutos secos, entre otros. Agradables combinaciones para este vino de historia entretenida, de diseño potente y de calidad que lo transforman en un excelente regalo de fin de año.
Por Carolina Grez, sommelier
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