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Yo les puse Rebeldes en Casablanca. Porque para atreverse a plantar tintos en un reino de blancos, hace falta mucha plata, pero también su buena cuota de coraje. Con esas virtudes, Viña Loma Larga viene desde mediados de los 90 trabajando el estilo de tintos fríos. Un concepto que probablemente les resultará desconocido y hasta alienígena, pero que mientras más descorchen y descorchen, tarde o temprano formará parte de su vocabulario.
En palabras simples significa que son vinos de variedades tintas plantadas en sectores más fríos. Más fríos, si los comparamos con los físicoculturistas que solemos tomar del Maipo o Colchagua.
En este caso se trata de Quinteto 2006, la novedad del año para la bodega y un buen prólogo para que comiencen introducirse en el tema.
Esta es una mezcla 30% Cabernet Franc, 30% Merlot, 15% Cabernet Sauvignon, 15% Syrah y 10% Malbec. Nacido de parras plantadas en Lo Ovalle, un pequeño cajón que cruza hacia el norte justo frente a Casablanca. La próxima vez que vayan camino a Valparaíso, Viña o Reñaca, detengan su auto y párense a sentir el clima que hay por allá. Entenderán por qué los tintos no sólo pueden mostrar rudeza, fruta madura y alcohol, sino que también la fascinante frescura de que les hablo.
En el caso de Quinteto 2006, elaborado por el enólogo francés Emeric Montignac, es mejor que cierren sus ojos. Su nariz les recordará un batallón de fruta como guindas y frambuesas, además de un festival de flores y violetas de fondo. Su boca, es lo mejor que tiene. Del verbo fresca. Una acidez marcada en los costados de la lengua que nos habla de un vino bien armado, fino y elegante, con un final suave que deja la lengua aterciopelada.
Está pintado para que lo guarden un tiempo en el subterráneo, en la cava o en clóset. Pero si quieren descorcharlo hoy a la noche o el otro fin de semana, denle unos minutos antes que muestre todo su encanto y maravillosa frialdad. Como para dejar viejas costumbres y también rebelarse.
Por Rodrigo Ortega
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